ACTIVA TU JORNADA DIARIA

Pasar la mayor parte de la jornada laboral sentados frente al ordenador suele traducirse en fatiga muscular, molestias de espalda y falta de energía. Para mitigar los efectos del sedentarismo, no es necesario realizar grandes esfuerzos físicos al terminar el día; la clave reside en integrar el movimiento de manera natural dentro de nuestra propia rutina de trabajo.

Incorporar pausas activas

No se trata de interrumpir el flujo de trabajo, sino de sumar pequeños momentos de actividad. Gestos sencillos como levantarse a beber agua, caminar mientras se atiende una llamada telefónica o realizar un trayecto corto por la oficina ayudan a reactivar la circulación de forma inmediata, aportando una inyección de energía al cerebro.

Realizar estiramientos breves

Es posible aliviar la tensión acumulada sin necesidad de apartarse del puesto de trabajo. Dedicar unos segundos a realizar rotaciones suaves de cuello y hombros, o a estirar las muñecas tras una sesión intensa de escritura, previene la rigidez muscular y mejora la flexibilidad corporal de cara al final de la jornada.

Variar la postura corporal

Mantener la misma posición durante horas es perjudicial, incluso si se cuenta con una silla ergonómica. Lo ideal es realizar pequeños ajustes posturales a lo largo del día: modificar ligeramente la altura del asiento, cambiar la posición de las piernas o, si el entorno lo permite, trabajar de pie durante unos minutos aprovechando una superficie elevada.

 

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